Apocalipsis 3:11–22. 11 He aquí que vengo pronto; retén firmemente lo que posees, a fin de que nadie tome tu corona. 12 Al vencedor lo constituiré pilar en el templo de mi Dios, y de allí no saldrá más; y grabaré sobre él el nombre de aquel que es mi Dios, y el de la ciudad de mi Dios, la nueva Jerusalén que baja del cielo desde mi Dios, y grabaré en él también mi nombre nuevo. 13 Quien tenga oído, atienda a lo que el Espíritu manifiesta a las iglesias. 14 Escribe al ángel de la iglesia laodicense: Así habla el Amén, el testigo fiel y veraz, el origen de la creación de Dios; 15 Sé tus obras: ni eres frío ni caliente. ¡Quisiera que fueses frío o caliente! 16 Por eso, siendo tibio, y no frío ni caliente, te vomitaré fuera de mi boca. 17 Pues dices: Soy rico, me he acrecentado en bienes y no necesito nada; y no te das cuenta de que eres el desventurado, el miserable, el pobre, el ciego y el desnudo: 18 Te aconsejo que compres de mí oro refinado en el fuego para que seas rico, y vestiduras blancas para que te cubras y no se manifieste la vergüenza de tu desnudez; y unge tus ojos con colirio para que puedas ver. 19 A cuantos amo, yo los reprendo y los corrijo: sé, pues, ferviente, y arrepiéntete. 20 He aquí que estoy de pie a la puerta, y llamo: si alguien escucha mi voz y abre la puerta, entraré hasta él, y cenaré a su lado, y él al mío. 21 Al vencedor le otorgaré sentarse conmigo en mi trono, de la manera que yo también vencí y me senté con mi Padre en su trono. 22 Quien posea oído, atienda a lo que el Espíritu dice a las iglesias.